«Cómo identificar y frenar el chantaje emocional»

El chantaje emocional es un problema serio. La persona que es chantajeada puede llegar a padecer un gran sufrimiento, se sentirá condicionada por sentimientos de obligación, culpa, miedo, lealtad a la otra persona que pueden llegar a ser muy limitantes para su vida cotidiana. ¿Cómo salir del chantaje emocional? En el siguiente video te explico cómo identificas este tipo de relaciones, todo lo que se incluye dentro del chantaje emocional, y cómo puedes quitar de tu vida este tipo de personas.

#Chantajeemocional #Psicovivir #Psicologia

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Un homenaje a la vida

Yo soy de los que prefiere recordar a la gente en vida. La imagen de la muerte, aunque es el final lógico de todo ser humano, yo personalmente la evito para concentrarme en la vida.

Hace poco una familia en Venezuela salió de viaje, su lancha naufragó y aún están en labores de rescate. Han encontrado varios sobrevivientes, y se confirma una fallecida. Hay toda una historia detrás de eso. Una madre que amamanta hasta morir para que sus hijos sobrevivan, un pequeño bote salvavidas prácticamente de juguete, que duró 4 días sin desinflarse, y una cava con una persona adentro que aguantó también todos esos días. Heroísmo, milagro, tragedia.

Las redes, como siempre, un hervidero de opiniones. Muchos que en su vida se han montado en un peñero, hablando como expertos en navegación, otros culpando de imprudencia, otros diciendo lo que «debía» hacer, y menos mal, mucha gente enviando solidaridad y apoyo. Los buenos son más, aunque los imbéciles siempre hagan mucho ruido.

¿Mi reflexión? Los accidentes, muchos de ellos, se pueden prevenir. Este se pudo prevenir, pero cuando las cosas pasan, pues pasan. Aquí no hay culpables, solo víctimas. De ninguna manera voy a juzgar a los protagonistas de esta historia, al contrario, quiero mandarles mi solidaridad y apoyo. Mi equipo y yo estamos a la orden de los familiares si nos necesitan, y de forma totalmente gratuita.

Por otro lado, quiero rendir un homenaje a la vida y al amor con este video. Que el recuerdo sea de felicidad, diversión y unión. Niños alegres y gente disfrutando. La vida se debe vivir a plenitud, ya que, sin duda, jamás se sabe cuando es el final. En consecuencia ni las sonrisas, ni los te amo, ni los abrazos, deben dejarse para después.

Sepan.

«Cómo reconocer cuando la ambición se vuelve negativa»

La ambición es buena en la medida en que queremos lograr cosas, alcanzar metas, lograr nuestros objetivos, sin hacerle daño a los demás. ¿Cuándo se vuelve negativa la ambición? En el siguiente #Vlog te explico que cuando la ambición pasa de ser buena a negativa, hasta puede convertirse en una psicopatía.

#Ambición #Psicovivir #Psicologia

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Llegó el Bicho

Les presento a «Bicho». A mi me gusta llamarlo así «el bicho ese», «el bichito ese bonito», «está lindo el bicho ese». Pero mi equipo de diseño dice que se llama «Psicovivir».

Uds. pueden llamarlo como quieran.

El bicho ahora será la imagen animada de Psicovivir, y convertido en meme, sticker, logo y más, nos divertirá con sus ocurrencias, ya que psicología sin risas no sirve, nos llenará de ternura, ya que psicología sin amor no funciona, y nos enseñará a través de infografias, inteligencia artificial, asistencia virtual en mi página web, porque psicología sin rebelión, entonces no es Psicovivir.

Espero lo disfruten y que el «bicho» también les llegue al corazón como a mi.

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Vivir sin desesperación

Cuando yo tenía entre 20 y 30 años de edad, siempre pensé que no tenía tiempo, que no había más oportunidades para mi y que si no me apuraba, iba a fracasar de por vida.


Es lo que el cineasta Guillermo del Toro llama: desesperación.

Yo sentí exactamente eso y durante toda esa década me dediqué a fracasar. Nada de lo que hice me salió bien.
Solo estudiar psicología. Y eso lo hice finalizando la década de mis 20 años. El peor tiempo de mi vida fue ese. Pobreza, locura, malas decisiones, y angustia, mucha angustia.
A los 35 aproximadamente empecé a cambiar mi mentalidad. Comencé a asumir la vida como venía y a tomar decisiones que me produjeran satisfacción momentánea, por ejemplo, dar una conferencia pequeña.
Lo hice, empecé a dar pequeñas conferencias. Jamás pensé que eso sería un gran entrenamiento. Nunca lo planifique así. Solo lo hacía porque me gustaba.

Entre los 30 y los 40, mi vida económica no mejoró, pero sí mi vida emocional. Seguía haciendo locuras, pero cerca de los 40, estas locuras eran menos dañinas para mí y para los demás.
20 años después de la época de la desesperación, empezó todo a cambiar vertiginosamente.
Todas las decisiones pasadas empezaron a servirme de experiencias, y todo los errores empecé a verlos como oportunidades.

Hoy tengo 52. Me siento exitoso, no me meto en problemas como antes, no hago daño a nadie y muy poco a mí mismo. En este momento me siento totalmente satisfecho de mi. A la fecha, pasaron 30 años desde la «desesperación».


Hoy vi esa imagen y dije «¡Carajo, cuánta razón tiene del Toro!».

A muchos de uds. los veo «desesperados» y no entienden absolutamente nada sobre esto. La vida no es TODA la vida. La vida es apenas hoy. Ayer ya pasó, y mañana no sabes si llegas. Tú vives hoy, así que pensar en «toda la vida» es sencillamente una distorsión cognitiva.

No desesperen, no piensen que no tienen tiempo, no asuman que uds. tienen el control total de su vida, no crean que uds. saben lo que pasará mañana.

Vivan hoy. Nada más hoy, y tomen decisiones que les generen satisfacción hoy.
Mañana, si es que llega, será la suma de tus errores y aciertos, y SIEMPRE podrás cambiar tu vida, no importa la edad que tengas.

Sepan

Carta a mi querido negro. Lee rápido antes que me censuren

Brillante Cristián Warnken… dando contexto y aclarando

Carta a mi querido Negro

Mi querido Negro:
Tal vez esta sea la última vez que, por lo menos públicamente, te diga «negro». Tú sabes cómo están las cosas, es mejor andarse con cuidado. No es agradable exponerse a una «funa» y prefiero andar tranquilo por la vida. Pero va a ser imposible que deje de pensar en ti como el «negro» y tú en mí como el «flaco»; por lo menos hasta ahora, no hay nadie que se arrogue la representación de la minoría de los «flacos» (aunque estamos en vías de convertirnos en minoría) y que enarbole la causa de los «delgados», por considerar que «flaco» podría ser discriminatorio. Tal vez no esté lejano el día en que ello ocurra.

Qué fatigoso esto de andar cuidando las palabras que uno debe usar para no herir la hipersensibilidad de todo tipo de «minorías»: vamos a terminar usando una «neolengua» (como en la novela de Orwell, ¿te acuerdas?) en la que nadie se sienta ofendido, discriminado, una lengua neutra, sin apodos, sin dobles sentido, sin connotaciones de ningún tipo, una lengua higienizada que deje tranquilo a los «buenistas» convertidos en comisarios de la palabra. Es muy duro enfrentarse a un «buenista» de esos: son muy agresivos y no tienen sentido del humor. Y eso es lo más grave: que el sentido del humor es cada día más escaso en el debate, en las conversaciones. Y cuando el humor se retira, es muy peligroso para la tolerancia y la libertad. Nietzsche tenía razón: sospecho de toda verdad que no vaya acompañada de una carcajada.

Si alguien no es capaz de reírse de sí mismo y además se siente dueño de la verdad, estamos ante un peligro. El día que dejemos de reírnos de nosotros mismos y de nuestras convicciones, sería el fin de la civilización tal como la hemos conocido. La risa es lo que nos hace humanos. Siempre es sano que haya un Chaplín riéndose de un Hitler o un Kramer de un Jadue. Pero no está lejano el día en que a Kramer lo pasen a «control de cuadros». Si hay algo que caracteriza a nuestra cultura popular, una de sus riquezas más profundas es la risa. Por eso en Chile se da mejor la comedia que cualquier otro género, por eso surgió un poeta como Nicanor Parra que bajó a los poetas del «paraíso del tonto solemne» y por eso el circo es nuestro verdadero carnaval.

Yo espero que ese humor popular, que es una forma atávica que tenemos de defendernos de la gravedad y peso del poder, sea más fuerte que esta marejada de tontería, nueva beatería y puritanismo. Todos estos delirios, como el de hablar de «las cuerpas» (en vez de los «cuerpos») son invenciones de gente de la academia, de una élite intelectual que quiere adaptar la realidad humana a sus teorías. El papel lo resiste todo. Pero la vida se rebela contra cualquier intento de purismo o pureza; es la vieja rebelión de la vida contra la moral. Y esta oleada tiene mucho de moralismo de signo inverso al moralismo conservador, pero es finalmente moralismo. Es «moralismo progresista» (aunque esto sea, en principio, un oxímoron). Un nuevo puritanismo que ha nacido en universidades norteamericanas o francesas viene a tratar de imponernos su «neolengua», pero en el pueblo esto no encontrará recepción sino resistencia. La socarronería chilena es mucho más astuta que el tontogravismo de los inquisidores buenistas. Pienso en nuestros payadores chilenos, improvisadores geniales y espontáneos: ¿te los imaginas en un duelo verbal como los que cultivan, autorreprimiéndose para no usar la palabra «negrita» u otra? Uno tiene que hablar como respira o camina: cuando se hace un esfuerzo voluntarista para usar ciertas palabras y no otras, hablar y conversar va a terminar siendo una tortura, un martirio. Ellos quieren apoderarse de la lengua, así como se han ido apoderando de las universidades, del poder político, pero la resistencia comienza aquí, con el arma más poderosa de todas, esas que no resisten los dictadores, el humor, el sagrado humor.

¿Te acuerdas de la novela El nombre de la rosa, sobre el libro de Aristóteles acerca de la risa que había desaparecido en la biblioteca de un monasterio? Así van a empezar a desaparecer los poemas eróticos o sensuales de Neruda, Gonzalo Rojas y algún día los poemas de amor de los trovadores y la Divina Comedia de Dante, por ser expresiones del «patriarcado» opresor (sic). Nos quieren quitar el humor, el amor ¿y qué más? Porque todavía falta que se manifiesten muchas minorías e «identidades». ¿Y quiénes son? Minorías que se autoproclaman -supuestamente- representantes de una mayoría: siempre es así en los totalitarismos. Se apoderan de la palabra «pueblo», se apoderan del lenguaje y se convierten en censores y comisarios de nuestras vidas. Son los nuevos fariseos y fariseas, los y las nuevas Savonarolas de estos tiempos de peligrosa unanimidad. La vida es imperfecta, el lenguaje es imperfecto, somos imperfectos, unos «embutidos de ángel y de bestia».

Claro, tenemos que tratar de refinarnos, de evolucionar, todos los días. Todos somos abusadores o abusadoras de alguna manera, todos los días matamos a alguien -como decía Oscar Wilde- con un gesto, una mirada, una palabra, pero la utopía de un mundo donde todos de la noche a la mañana nos convirtamos en «puros» y limpios de palabra, en «perfectos» (como decían los miembros de la secta de los cátaros) me parece aterrador. Por eso, a todos los predicadores de cualquier signo que nos hablen desde púlpitos de superioridad moral debemos tenerlos «en capilla» o bajo sospecha. Generalmente aquellos que se creen «buenos» o «puros» son los que esconden más basura debajo de la alfombra (así ocurrió con la Iglesia), y lo que hacen cuando juzgan a los «impuros» o «malos» (que son siempre los otros) no es sino proyectar su propia sombra. Al mundo le costó mucho liberarse del puritanismo represivo y victoriano, siglos: ahora disfrazado de «progresismo» esa misma pulsión puritana regresa.

No podemos retroceder pensando que estamos avanzando, involucionar creyendo que estamos evolucionando. Nos acaban de quitar la entrañable «Negrita» de la infancia: seguramente la transnacional que la fabrica tendrá algún sentimiento de culpa que quiere atenuar. Es probable que algún asesor, un comisario de la cultura de la cancelación, haya propuesto desde su escritorio en Londres o Suiza cambiarle el nombre a nuestra galleta morocha, sin saber nada del país donde esta se consume ni de las connotaciones que la palabra «negrita» tiene en el uso popular. No hay palabra más cariñosa que «negrita». Te escuché tantas veces decírselo a tu mujer, y ella a ti «negro». ¿Qué va a entender de eso un posgraduado gringo o suizo con mirada paternalista, cuyo cerebro fue lavado en alguna facultad de humanidades (hoy se llaman facultades de «estudios culturales»), intoxicado de teorías identitarias ramplonas y dogmáticas?, ¿qué va a entender de nuestros códigos, nuestras bromas, nuestros dichos, nuestra cultura, nuestros modos de vivir? ¿No han pensado en el rechazo que esto puede provocar y como este violento secuestro de nuestro idioma puede afectar, incluso, a las mismas causas que dicen defender?

Pensar que el lenguaje es el duplicado de la realidad es un error conceptual: no es deformando el lenguaje cómo se van a terminar las discriminaciones de cualquier tipo, sino mejorando nuestro trato, con gestos concretos de inclusión y cuidado. Es una tarea educativa de largo plazo. Al final los excesos de lo políticamente correcto (y lo que están haciendo con el lenguaje es un exceso) favorecen la irrupción de corrientes reaccionarias. Bueno, hasta aquí llego no más. Creo que esto es la «cueca arriba del piano», están llegando muy lejos, mi negro. Qué paciencia hay que tener, por Dios, para soportar a los, las y les comisaries: ¡están «subidos por el chorro»! Pero el humor es más fuerte. No creo que triunfen en las calles, los mercados, el boca a boca, los dichos, los chistes: ahí van a ser derrotados por la sabiduría popular, donde abunda el sentido común, que tanto les falta a los iluminados de cualquier signo. Esa es mi esperanza.

Y si no, ¡que Dios nos pille confesados! ¿O confesades?

Un abrazo, mi Negro y otro a la Negra, con el cariño de siempre.
Cristián Warnke