CARTA A LA MUJER QUE SUFRE DE VIOLENCIA DOMÉSTICA

Mujer, este post es para ti. Leeme por favor. Esta es una especie de carta para ti.

Yo se que lees en redes que eres una tonta, estúpida y débil por andar con un tipo que te maltrata. Yo sé que muchas veces la sociedad te culpa a ti de estar en una relación llena de violencia. Sé que escuchas muchas críticas de mucha gente que no se explica cómo es que duras tanto al lado del “patán ese”. Se que siempre estas siendo bombardeada con miles de mensajes que te culpan a ti y se también que no sabes cómo salir de allí.

Se que te cuesta dejarlo, se que no sabes cómo, se que tienes miedo y dependes en muchas maneras de él. Se que aunque tu misma no entiendas el por qué, lo amas a pesar de todo. Se que sabes lo que tienes que hacer pero entiendo claramente que te sientes sin fuerza, sin voluntad y tienes temor a todo. Se que también piensas en tus hijos. Se que todo te llena de miedo.

Quiero que sepas que nada de esto es culpa tuya, entiendo sin duda alguna que sufres el síndrome de la mujer maltratada, que eso es más fuerte que tu, que incluso se apodera de tu personalidad y que sientes mucha culpa por estar viviendo todo esto. Quiero que sepas que no importa lo que la sociedad diga, que no eres tonta ni estúpida, que no eres responsable de esto y que eso no es “asunto de dos”. Quiero que sepas que tus hijos estarán mejor sin un tipo que te maltrata y con una madre feliz. Quiero que sepas que no estas sola.

Quiero que entiendas que debes buscar ayuda, que debes avisar a tu familia, autoridades, psicólogos, abogados. No temas, siempre habrá alguien que te va a proteger así sientas ahorita que no. Debes comprender que sin ayuda no vas a salir de allí, que es importante una red de apoyo. No creas que el va a cambiar. No lo hará. Te lo juro.

Busca ayuda.

Te lo ruego.

SOBRE LOS CONSEJOS

En un post publicado en estos días en mi Instagram @psicovivir, alguien me daba un consejo y yo le respondí que cuando lo necesitara le prometía seguirlo.

Eso desató una controversia en los comentarios y la razón de eso tiene que ver con lo que se cree del psicólogo, lo que se cree de mi y lo que se cree sobre los consejos.

1. Se cree que el psicólogo da consejos. Eso es un mito. Los psicólogos generalmente no los damos. Dependiendo de la escuela psicológica el psicólogo hace reflexiones para lograr que el individuo se dé cuenta (humanismo), técnicas de reforzamiento y razonamiento inductivo (cognitivismo) o preguntas mayeuticas con interpretación introspectiva (psicodinámica).

2. Se cree que yo debo comportarme “como un psicólogo”.  Eso es una cosa contraria a mi. En redes no soy psicólogo y tengo una personalidad específica que a través de años de terapia y auto conocimiento, he logrado forjar un carácter bastante estructurado, sin miedo al que dirán, absolutamente libre de presiones por juicio popular, y sobre todo ajeno a regirme por criterio sociales de como debe comportarse un psicólogo. Soy como soy y ud es libre de aceptarme o no. Si ud me sigue en redes yo se lo agradezco muchísimo, pero si se va, ese es su asunto y me parece altamente ridículo y estúpido que me lo diga como si eso me importara o me afectara. Conmigo se queda quien me quiere. Quien no, es invitado a irse. Siempre. Yo no estoy para complacer sus expectativas sobre mi.

3. Los consejos son buenos cuando se piden. Son necesarios en la vida sobre todo cuando el individuo está abierto a eso. Pero cuando no son pedidos, generalmente son un juicio, una crítica vedada pero sobre todo hipócrita, ya que no son capaces de hacer la crítica directa sino que lo lanzan tipo “es por tu bien”.  Un consejo es la forma de hacer algo basado en la experiencia personal de quien lo emite, y obliga a quien da el consejo, a seguirlo siempre. Yo por eso generalmente no doy consejos, ya que no siempre pienso igual y mi libertad personal hace que no siempre siga ni mis propios consejos. Por eso difícilmente doy consejos, y cuando no son pedidos, tiendo a rechazarlos.

Ante el chavismo, sólo puedo sentir rencor

Desde hace días los medios de la dictadura venezolana han estado emprendiendo campañas contra mi. La razón es que yo expongo mis sentimientos hacia ellos.

Qué desearía que Diosdado y todos los enfermos del régimen estiren la pata? Claro que si. Hasta celebraría que esos bichos se murieran.

Qué he dicho que los odio, los detesto y por mi, si tienen sed y yo tengo un vaso de agua me lo bebo o lo boto? Si, claro que si, mil veces.

Qué he dicho que si yo tuviera poder de fuego, comando, tropa, entrenamiento militar, etc, voy y me los vuelo? Ufff muerto de la risa. Casi como si fuera una fantasía sexual.

Los odio. Odio lo que han hecho y jamás los voy a perdonar por lo que nos hicieron a los venezolanos. Lo reafirmo y lo mantengo.

Odiar no es delito. Sentir lo que siento solo podría hacerme daño a mi y estoy consciente. Cuando ellos se mueran o los apresen, yo haré terapia para quitarme la oscuridad de encima en cuanto a ellos.

Mientras tanto, mientras vivan, mientras estén libres y mientras destruyan mi país, yo seguiré destilando rencor hacia ellos, porque por dentro no lo tendré, no me quedaré con eso. Además que sé que les arde, porque bastante que me prestan atención.

Lleven.

La pandemia nos ha enseñado a vivir

A principios 2020 aún no había cuarentena en Santiago de Chile pero el Covid_19 ya andaba causando daños. Yo decidí autorecluirme debido a que mi salud nunca ha sido la mejor del mundo, y encima mis padres pertenecen a la tercera edad. Tenía que cuidarme, cuidar a mi esposa y mis padres.

Luego impusieron la cuarentena y seguí recluido. A las semanas la levantaron y pude volver a salir durante dos semanas. El virus recrudecido hizo que nos encerraran a todos. En total, con excepción de esas semanas de libertad, tengo 4 meses recluido en mi casa y esto continúa.

He salido unas pocas veces al mercado, y en estos días cayó nieve en la zona donde vivo y salí a disfrutar un poco de ella.

He pasado por todos los espacios emocionales. He estado reflexivo, ansioso, deprimido, aburrido, mal humor y cansado. He engordado 10 kilos, y en estos momentos ando muy poco sociable y más metido en mi mismo y mis cosas.

He aprendido muchísimo sobre la libertad. También he aprendido sobre la vulnerabilidad de la vida, lo que es importante y lo que no, lo que quiero vivir después de salir de esto y también he aprendido sobre aquello que no quiero vivir. He tomado decisiones, he escogido caminos y estoy diseñando mi vida con base a un día a la vez. Esta pandemia me enseñó eso. Un día a la vez.

Antes prácticamente nada impedía mi libertad de pensamiento, hoy prácticamente todo me impide mi libertad de acción. Tuve que aprender sobre esa dicotomia y también entender sobre las limitaciones que se tienen que vivir. Creo que esta pandemia me volvió más espiritual pero a su vez más pragmático. Ya poco me interesa cumplir expectativas y planes a futuro. Ya no sueño, ahora vivo. Convertí mis grandes planes en deseos realizables, cortoplacistas y factibles. Me di cuenta que el futuro es solo una fantasía.

Mi familia y yo hemos sobrevivido hasta ahora la pandemia. Nuestra vida cambió sin duda alguna. Esperamos seguir sobreviviendo a ella, pero si algo me queda muy claro, es que al menos nosotros, ya no seremos los mismos. Seremos más libres, con más visión del corto plazo, y con una tendencia mucho más clara a disfrutar cada momento que se vive.

¿Amar o depender? el dilema de la víctima de agresión

Ella se me acercó y me dice “Alberto he aguantado de todo, lo único que le falta es pegarme, pero de verdad que he hecho de todo para salvar la relación y nada, no funciona, pero tampoco se cómo separarme”. Yo me le quedo mirando y veo que realmente estaba sufriendo.

Qué te parece si te amas a ti misma más de lo que lo amas a él, le pregunté? Ella se quedó perpleja como si nunca se hubiera planteado esa interrogante.

Alberto, es que es  muy difícil para mí. Lo siento como una necesidad en mi vida, lo deseo, lo quiero, no quiero separarme de él, y aunque sé que parezco una tonta al decirte esto, se que me hace mal, y aun así no lo quiero dejar. En ese momento empezó a llorar.

Sabes qué pasa? Ocurre que estás dependiente de él, eres adicta a los a buenos momentos y a los pocos espacios de amor, placer y paz que tienes, pero la inversión emocional que haces para soportar semejante relación es demasiado grande en relación a lo poco que recibes. Creo que un posible primer paso sería pensar en todo lo que tienes que soportar para vivir mínimos espacios de eso que llamas amor y que no es más que dependencia.

Nos despedimos y allí, justamente en ese momento, con su mirada, supe que la historia de su liberación había empezado. Ya nunca más podría estar sin sacar la cuenta de  cuánto daba y realmente cuánto recibía.

Ella iba a empezar el camino de  amarse a sí misma así implicara dolor de alejarse de él.