LAS LEYES DEL UNIVERSO

En el camino de la búsqueda de Dios, la naturaleza se erige como el punto de inflexión ante la filosofía de la vida. Observar como funcionan los ecosistemas, creando el ecosistema mayor llamado tierra, es una realidad innegable de algo que definitivamente organiza con forma de caos los destinos de nuestros propios procesos sistémicos, pasando de la entropía a la homeostasis. Esa fuerza creadora y organizadora pareciera el director de una orquesta que siempre anda afinando sus instrumentos. Esta siempre por concluir lo que nunca ha empezado.

No se si las leyes del universo tienen que ver con el hombre directamente, pero si se que influyen en el, inclusive cuando no creemos que existan. Estoy convencido que “el no creer” es un paso previo para la fe. La polaridad de los conceptos epistemológicos derivados de una cosmogenesis antropomorfista da cabida a cualquier momento de iluminación que nos lleva a darnos cuenta que la reflexión siempre será la misma: el universo tiene leyes y no se pueden violar. La destrucción implica creación y viceversa, nacemos para morir para luego volver a nacer en un recuerdo. La realidad es solo mantenida con la ilusión fáctica de que podemos cuantificarla y calificarla, generalmente como buena o mala. La creencia de que podemos saber las leyes del universo lleva implícito el germen del conocimiento de que las mismas existen, por lo que desde mi punto de vista, la realidad psicológica de que somos individuos presas de nuestros condicionamientos cae estrepitosamente en el lago de las equivocaciones, al darnos con una piedra en los dientes ante la miríada de posibilidades que existen a cada momento que tomamos una decisión. Pensar y hacer son procesos simultáneos separados entre si por la línea del tiempo. Nada más.

Es por ello que dentro de la búsqueda del conocimiento de las leyes del universo, el hombre al final solo proyecta sus propias leyes personales, derivados de ancestrales códigos de comportamiento que nada tiene que ver con lo que verdaderamente atañe a un proceso lleno de vida, como lo es el universo. Pensar que podemos codificar el ADN universal, entrando en la formación de la fe, es solo un paso mas ante el encuentro irrenunciable de que la verdad solo se encuentra dentro de nosotros. Solo mirando hacia adentro, podremos ver las estrellas. El Alpha y Omega no es Dios: es la contemplación; es el observador. La vida para usted no existiría si usted no existiera, no podría saber que existe la vida si usted no esta vivo; lo cual lleva a la sempiterna reflexión de esta era, no existe realidad tangible, solo posibilidades de realidad, con lo cual nos encontramos cara a cara con lo único realmente tangible en esta vida: la incertidumbre. Así que querido lector, que la única ley del universo que puedo decir que conozco, es la ley cuyo enunciado es: …

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