EMOCIÓN Y OBESIDAD

La mayoría de nosotros asociamos emoción y comida

El primer acto que calma a un niño al nacer es el hecho de alimentarse. Desde allí asociamos comida, amor y calma

En términos psicoanalíticos la obesidad se asocia con analidad, contrario a lo que piensa la sociedad que lo ve como oralidad

El acto de comer está incluido en casi todos los actos emocionales de nuestra vida

Cuando se asocia emoción a comida el individuo tiende a sustituir la emoción negativa con el acto alimenticio

La emoción asociada al acto de comer generalmente es placentera, por lo tanto se puede uno volver adicto a generarse ese estado

Generalmente cuando somos adictos a la comida, en realidad somos adictos a una emoción en específico

Generalmente al iniciar una dieta, los sentimientos negativos o displacenteros aparecen. Se asemeja a un acto de desintoxicación

La emoción asociada a comer generalmente es compartida en los grupos sociales, de allí que la gente se reúna a comer

La comida en los medios siempre son asociados a sexo, éxito, placer y prestigio

La adicción a la comida implica muchísimas veces la necesidad de evadir emociones que nos hacen infelices

La obesidad no siempre es causada por una adicción, pero una vez obeso, sin duda eres adicto

No se puede salir de la obesidad sin asumir un cambio de vida integral

Cuando nos acostumbramos a cambiar emociones por comida, la desvirtuacion de la realidad se convierte en obesidad

Si se desea iniciar una dieta, se debe empezar por hacer dieta de estrés, pesimismo, emociones negativas y rencores

 

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CONSIDERACIONES SOBRE LA PSIQUIATRÍA Y LA PSICOLOGÍA EN EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD

Una de los escollos en la lucha contra la obesidad que me ha tocado vivir como psicólogo, es la idea de que el psiquiatra es más importante para tratar la obesidad que el psicólogo. Quienes esto piensan generalmente son médicos (lo que es lógico por ser colegas), pero la realidad dista mucho de este criterio. Veamos:

Las causas de la obesidad pueden ser variadas, desde aspectos genéticos hasta trastornos de la personalidad, pasando por cientos de etiologías que van desde lo hormonal hasta lo psicológico. En este sentido el problema somático cobra vital importancia para un tratamiento multidisciplinario, pero a su vez el proceso psicológico subyacente en la obesidad no tiene causa física sino enteramente psicológica. Más simple: la causa de la obesidad puede ser variopinta, pero las consecuencias psicológicas están siempre presente.

El psiquiatra a diferencia del psicólogo es un medico, trata la enfermedad desde un punto de vista biologicista y en consecuencia evalúa signos y síntomas, establece un diagnostico y emite un tratamiento. En la obesidad lo más común es encontrar como causa y consecuencia de la misma, procesos psicopatológicos como lo son la ansiedad y la depresión. Ambas enfermedades según prácticamente todos los estamentos de intervención, necesitan un tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico. Según los últimos estudios avalados por la asociación psiquiátrica americana, la depresión, por ejm, tiene el mismo índice de remisión si se trata con una pastilla o con psicoterapia cognitiva conductual, pero si se trata combinada (psicoterapia y psicofármacos) el pronóstico de curación se eleva al 90%. En las mismas proporciones ocurre con la ansiedad.

Muchos cirujanos bariátricos tienen dentro de su equipo a un psiquiatra pero pocos se sirven de un psicólogo, entrando en el terreno de la ignorancia procedimental terapéutica que luego les rebota en pacientes operados o intervenidos perdiendo la operación por la poca preparación psicológica previa a la misma. No es inusual escuchar médicos diciendo “ese paciente no se arregla con nada”, pero cuando les preguntas si lo mandaron al psicólogo la mayoría te dice que no, que solo al psiquiatra y este les recetó algo contra la ansiedad. Gran error.

Si una pastilla contra la ansiedad pudiese bajar la mala praxis alimenticia de un paciente, la obesidad no fuese pandemia y pocos tendrían que operarse. Si una psicoterapia pudiese reducir la obesidad, ocurriría lo mismo. Ambas en soledad son absolutamente ineficientes y la obesidad creciendo a ritmos vertiginosos en el mundo y matando gente a granel lo demuestra. La obesidad solo puede ser tratada por equipos multidisciplinarios. No hay de otra.

Si un cirujano bariátrico no lo envía previamente a un psicólogo o solo lo envía a un psiquiatra, mejor busque otra opinión. Su obesidad le afecta desde lo biológico a lo psicológico. Si su médico no entiende eso, entonces le falta manejar mucho mas información y no olvide que Ud. está poniendo su vida en sus manos.

Nota: una de las cosas que me hizo decidir operarme con el Dr. José Augusto Romano, en Valencia, y ahora aliado de UAPPO, es que a pesar de aun sabiendo que yo era psicólogo, me exigió una evaluación “psicológica” como requisito a la operación. Así debe ser.

 

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LA OBESIDAD COMO ADICCIÓN

Combatir la obesidad es una lucha eterna que si no se hace conscientemente generalmente fracasarás

La obesidad no es causada por una adicción, pero una vez que eres obeso casi siempre te conviertes en adicto

Existe un inmenso paralelismo entre el comportamiento del obeso y la del adicto a alcohol o las drogas

El obeso casi siempre niega su enfermedad, el adicto igualmente hace eso

El obeso se niega al cambio tanto como el adicto actúa de la misma manera

El obeso generalmente antes de empezar dieta u operarse se mete una comilona, el adicto se fuma todo lo que encuentre

El obeso tiene una creciente dificultad en el control de los impulsos, tanto como el adicto

El adicto siente que solo drogándose se siente bien, el obeso usa la comida con el mismo fin

El obeso siempre piensa que puede adelgazar cuando se lo propone. El adicto piensa que puede dejar la droga cuando desee

Así como el adicto dice que no se droga tanto como dicen los demás, el obeso dice que no come tanto como le endilgan

El adicto vive para drogarse así como el obeso vive para comer

El adicto puede buscar mil maneras de dejar la droga y si no crea conciencia y disciplina termina cayendo de nuevo, igual el obeso

Dejar la droga no te hace que dejes de ser drogadicto. Adelgazar no implica que dejes de pensar como gordo

El obeso siempre empieza con gran motivación un programa de adelgazamiento y luego se desmotiva. El adicto actúa igual

El obeso se miente constantemente a sí mismo, el adicto hace lo mismo

El adicto generalmente busca con quien compartir su adicción, el obeso odia comer solo

El obeso busca mil excusas para dejar la dieta, el adicto siempre encuentra una justificación para volver a drogarse

El adicto considera que los demás tienen la culpa de su adicción, el obeso culpa al ambiente, hormonas y genética

La adicción tanto como la obesidad son eficientemente tratados en terapias grupales y coercitivas

Tanto el adicto como el obeso responden muy bien a terapias que incluyan motivación y disciplina

Los programas menos “democráticos” son siempre más efectivos para tratar la adicción y la obesidad que los que “dejan ser”

Tanto la adicción como la obesidad tienen que ser tratados siempre por equipos multidisciplinarios

En los procesos terapéuticos tanto en el adicto como en el obeso el primer y más fuerte problema es su negación de la enfermedad

Los programas que incluyen acompañamiento constante son más efectivos que los ambulatorios tanto en el obeso como el adicto

Así como una motivación grande para el adicto es ayudar a los demás a salir de ella, el obeso actúa muy parecido

Tanto el obeso como el adicto suman esperanzas de salir de estos procesos en la medida que se comprometen a sanar

 

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