Obesidad y miedo al contacto

Les voy a hablar sobre la obesidad y el miedo al contacto, desde mi propia experiencia, como alguien que sufrió de obesidad mórbida.

Sí, alguna vez llegué a pesar más de 200 kilos.

213 kilos de infelicidad. Y mucho miedo. Para qué negarlo.

Un aspecto característico de los que hemos sido obesos es la incapacidad para hacer contacto con nuestras emociones, sobre todo las negativas. Recurrimos a la comida como elemento aliviador. Comemos porque no queremos sentir, lo cual siempre fracasa, ya que, aunque “no sintamos” la rabia, tristeza o miedo del momento, después del atracón, terminamos cargando una culpa infinita.

Nos sentimos acomplejados y, en consecuencia, evitamos compartir esas emociones con los demás. Generalmente los gorditos somos chistosos, alegres y el “alma de la fiesta”. Nos convertimos en excelentes consejeros, cuando, en muchos casos, nuestras vidas son un caos. Hacemos eso porque mirando el problema de los demás, dejamos de ver el propio. Yo no conozco obeso con buena autoestima.

Otro comportamiento que forma parte de muchos de los obesos, y que también en algún momento formó parte de mí, es la sempiterna necesidad de conseguirnos parejas inseguras.

Pareciera que somos adictos a unirnos a personas celosas, obsesivas, codependientes y demás yerbas aromáticas. Pareciera que necesitamos que estén pendiente de nosotros, no importa si es patológicamente pendientes, igualmente no ponemos límites a los celos de nuestras parejas.

Estamos tan necesitados de refuerzo y cariño, que nos someten a cualquier cosa. Necesitamos la seguridad de una relación, no importa si es dañina y, sobre todo, necesitamos no sentirnos solos, ya que, en el fondo pensamos ¿Y quién se va a fijar en una persona como yo?

Ante este pesado panorama les digo algo: No basta con bajar los kilos, es necesario, yo diría imperativo, sanar las emociones, buscar ayuda, y no habrá necesidad de esconder esos sentimientos en la comida.

Sepa.

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Manda lejos al carajo a quien te dice que no te puedes sentir mal en un momento determinado.

Qué fastidio es tener que calarnos a los siempre motivados, eternos sonrientes y los todo lo pueden. ¡Nojoda, vale! Es mi derecho sentirme mal.

Nadie puede venir a decirme que yo tengo que tener mejor humor, que nadie me puede borrar la sonrisa o que tengo que ser resiliente. No me da la gana, chico.

Ahora bien, ¿qué sí debo tener en cuenta? Que ese estado de malestar no puede durarme siempre. Tengo derecho a sentirme mal, pero no puedo quedarme allí. Tengo derecho a llorar, ponerme histérico con el mundo y más, pero es mi deber salir de allí y buscar la mejor forma de llevarlo. Sin duda alguna, tenemos que salir de ese estado emocional, pero que a nadie se le ocurra decirme que yo DEBO sentirme bien, cuando en realidad me siento súper mal.

Así que sal de ese estado, pero que nadie te presione. No te dejes motivar a juro. Hazlo a tu tiempo.

Debes salir de la angustia o de la tristeza, pero tomando en cuenta que la sientes y no negarla. Sal de allí, sí, pero no obligado. A tu tiempo.

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Por qué a veces nos quedamos en una mala relación

En estos días atendí a alguien en consulta, y esa persona me decía que no sabía cómo separarse de la persona que le había hecho tanto daño y que además, estaba hablando mal de ella.

Yo lo primero que pensaba era: a esta persona no le duele todo lo que le han hecho. Si esta persona le doliera todo lo que le han hecho, seguramente haría todo para salir de esa relación. Y ese es el mensaje que quiero decirte a ti.

Muchas veces no sales de relaciones, muchas veces no sales de situaciones que te dañan y te causan sufrimiento porque no te duele lo suficiente, porque no estás sintiendo el daño que te están haciendo, porque no estás viviendo a nivel de experiencia personal intrínseca todo el dolor que estás padeciendo, porque si lo vivieras, si lo sintieras, si no fueras inmune a ese dolor, si no te conformaras con migajas, con pequeños momentos, con pequeñas cosas, si te dieras cuenta de verdad todo lo que te afecta, lo más seguro es que esa relación la pudieras dejar.

No digo que sea fácil, pero ponte a pensar en la clase de relación en la que estás viviendo y decide si vale la pena seguir allí. Piensa en ti. Si necesitas ayuda, ven a consulta. Junto a mi equipo, sabemos cómo ayudarte.

El amor impone compromiso

Algo que usted tiene que entender en la vida es que el amor impone decisiones, el amor impone compromiso. O sea, usted no puede tomar decisiones así, a lo loco, porque está enamorado, porque, ajá, el deseo y la cosa, no, señor, no señor.

Usted tiene que agarrar y decir: yo voy a amar. Yo me voy a meter en esta situación. Yo me voy a comprometer en esto. Yo voy a asumir esta realidad. Yo voy a hacer y a tomar decisiones adultas, maduras, porque si no entonces siempre serás como una veleta al viento.

Cuando realmente nosotros queremos meternos en una relación de pareja, la verdad verdadera es que tenemos que decidir meternos con todas las características que implica estar con esa persona y contigo, en consecuencia, tomen sus decisiones, a conciencia, porque el amor impone compromiso.

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La difícil decisión de separarte de tu pareja

Muchas veces nosotros sabemos que nos tenemos que separar, pero ese no es el problema.

El problema es lo que cuesta tomar la decisión, porque uno no quiere separarse, uno no quiere divorciarse, uno no quiere salir de la relación a la que uno le metió tanto esfuerzo, tanta cosa, tanta vida, y que, de repente, se convierte en tanto dolor y uno dice bueno, pero podemos irnos hacia atrás, o sea, vamos a tratar de hacer lo que éramos cuando estábamos profundamente enamorados.

Es difícil tomar la decisión de separarse. Es complicado decir hasta aquí nos trajo el río. Es sumamente difícil.

El que te diga que eso es fácil de hacer, fulanito, no sabe el dolor que se siente, lo difícil que es la soledad. Lo complicado que es cuando uno está consigo mismo y se dice: Tengo que divorciarme.

Mira, muchas veces, inclusive, hasta los psicólogos no siempre sabemos lo que la otra persona está sintiendo, porque ese dolor es tan fuerte, tan complicado, que es sumamente difícil de vivir. Así que no comas cuento con la gente que te dice que te separes, no comas cuento con la gente que te dice, lánzate por ese barranco, no te preocupes.

No, tu dolor hay que respetarlo, tu sensación de soledad hay que respetarla, no estés haciendo oídos a gente indolente de tus sentimientos. Ese dolor es fuerte, se vive y solamente un profesional quizás te puede ayudar a sobrellevar lo que implica dar ese paso.

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Dinero y emociones ¿cómo están relacionados?

El dinero tiene propiedades psicológicas, sin duda alguna.

El manejo del dinero, la obtención del dinero, la capacidad de poder adquirirlo tiene que ver también con tu personalidad, con tus procesos emocionales, con tu capacidad e inteligencia, con tu sociabilidad, con tu empatía, con tus simpatía.

También tiene que ver con la capacidad de manejar números, procesos abstractos, etcétera, etcétera.

No crean ustedes que el dinero no tiene una energía psicológica, sí lo tiene y es fundamental cuando uno lo entiende. Manejar nuestra mente en ese sentido significa tener actitudes proactivas que impliquen la ganancia del dinero.

¡Ojo! No hay fórmulas mágicas con relación a la plata, la verdad es que no. Todo parte del trabajo, el esfuerzo, los objetivos, la capacidad, el conocimiento, la profesionalización. Hay muchos elementos que están involucrados. Pero si tus emociones no están bien, realmente la capacidad de ganar dinero se va a ver desmerecido, si tus emociones no están bien, si tu psicología no está clara, tu dinero no te llegará como lo esperas.

¿Te gustaría una asesoría psicológica para mejorar tu relación emocional con el dinero? Chatea con mi equipo y pregunta las opciones de atención disponibles. Nosotros sabemos cómo ayudarte. Toca aquí.