Un mensaje para los venezolanos en Chile

Ganó el socialismo en Chile. Una tragedia para el venezolano. Aunque también una profunda oportunidad. Les explicaré.

Somos 7 millones de venezolanos que salimos del infierno socialista venezolano. Sabemos lo que significa un control de cambio, un control de precios, una expropiación, y que un gobierno controle los procesos de fabricación, distribución y servicios de una sociedad. Sabemos que todo eso implica destrucción, hambre y muerte. También lo sabe Cuba, Nicaragua, Argentina, y otros países. Los chilenos también lo sabían, pero se les olvidó.

Pero algo que también sabemos es sobrevivir, luchar, no perder la esperanza, encontrar oportunidades donde pareciera no haberlas. Sabemos reír en la adversidad, generar emprendimientos, pararnos sobre nuestros sufrimiento, y también sabemos prosperar, a pesar de tener todo en contra. Los venezolanos somos una sociedad curtida en el dolor del socialismo y de la dictadura. Somos fuertes, muy fuertes.

Todas esas características tienen que darnos esperanza. Chile es un país con instituciones, no está en dictadura y tiene una sociedad que tampoco se rinde. Chile no es Venezuela, al menos no aún. En consecuencia, yo les sugiero a mis compatriotas calma, serenidad, no ser pesimistas y seguir viviendo de manera tal que cada quien haga su biografía personal.

Es muy pronto para saber si Chile también será destruido por el socialismo, al igual que todos los países donde ese sistema reina.

Es pronto para pensar en irse de nuevo. Es pronto para pensar o sentir que no hay alternativas.

Los chilenos votaron en democracia y a nosotros nos queda seguir luchando para construir nuestra vida, junto a ellos, en paz, armonía, alegría y respeto.

Nosotros sabremos ver las señales mucho antes que ellos mismos (ya que olvidaron lo que el comunismo significa), y cuando veamos las señales, tomaremos decisiones. No antes.

Respetemos a los chilenos, sigamos aportando a la sociedad, respetando las leyes y siendo la mejor versión de nosotros mismos, y calmemos nuestra angustia, con fe y esperanza, que quizás, al final «todo estará bien» y nuestro «miedo se convertirá en esperanza».

Sepan.