Si estamos hablando de depresión, primero, vaya al psicólogo.
¿Por qué? Porque el psicólogo va a determinar con evaluaciones y consulta el diagnóstico, la génesis del problema. Adicionalmente va a determinar la calidad y cantidad de pensamiento suicida que esta enfermedad también tiene asociada.
Luego irá al psiquiatra, quien seguramente va a medicar para restaurar sus procesos biológicos, y usted no debe tener miedo a eso.
Ni se hará dependiente, ni se volverá «bobo por las pepas».
Usted seguirá yendo a terapia psicológica al menos 3 meses (tratamiento cognitivo conductual), y al psiquiatra, una vez al mes por seis meses a un año, dependiendo de la duración del tratamiento.
Así que deje la tontería de no buscar ayuda para su depresión, no se sienta menos por estar deprimido, dele un respiro a su familia (la familia del deprimido sufre y se molesta mucho también), y acuda al especialista, el cual si es bueno (porque en toda profesión hay unos piratas que ni le cuento y en psicología también), lo va a ayudar a sanar.
Muchas personas me han preguntado si mi esposa y yo estamos separados. La respuesta es sí.
Nos hemos separado de andar mostrando el amor en redes sociales, de alardear nuestro infinito amor o nuestra maravillosa relación. Nos hemos separado de decirles a uds. que nosotros nos amamos y todo eso.
¿Por qué? Porque nada de eso es así.
Mi esposa y yo hemos tenido peleas, discusiones, tristezas. Hemos tenido crisis, rollos, separaciones momentáneas y conflictos. No siempre nos amamos, no siempre tenemos vidas perfectas, a veces ella me odia un poco y yo a ella.
A veces no nos queremos ver y más bien provoca irse lejos. De hecho, a veces, incluso, hasta provoca buscarse otra pareja.
¿Qué significa eso?
Que somos gente normal. Que vivimos una relación con nuestras propias reglas, con nuestros propios convenios. Ella y yo vivimos una vida bastante poco convencional. Tenemos nuestros acuerdos y maneras de vivir.
Entonces sí, nos separamos de hacer lo que la mayoría hace acá en redes sociales: mostrarse perfectos en vez de mostrarse reales.
Así que no sigan preguntando si nos separamos o no.
Pregúntense ustedes mismos si son felices donde están, con sus parejas o solos. Pregúntense eso ustedes. Es lo que realmente importa.
Si mi esposa y yo nos separamos, jamás haremos «un comunicado», jamás lo vamos a anunciar, y sencillamente la verán a ella saliendo con un moreno (a ella le fascina el cantante Seal), y a mi me verán fundando una mansión Playboy (tengo que inventar un nombre en esa fantasía). Me verán viajando por el mundo y a ella, comprando carteras de lujo en capitales del mundo. O incluso, hasta nos verán viviendo quizás una relación poliamorosa o más bien solos, en la casa, pero en cuartos separados.
¿Qué quiero decir con eso?
Que nuestra relación o no, es a puertas cerradas y que vivimos la vida que hemos elegido vivir, en la forma que queremos, de la manera que queremos, y no a la luz del morbo de las redes sociales, donde si no apareces en foto feliz, entonces «¡ay, se separaron!»
Por último, hoy estamos de aniversario. Una vida juntos y a veces también separados. ❤️
Mire, sí, soy psicólogo, pero no soy perfecto. Nadie lo es.
La cuestión es que nadie habla de eso. El mundo está lleno de gente moralista, bonita y perfecta, que irradia luz y amor. Realmente no todo es tan así. Y, de hecho, siempre lo he dicho, yo desconfío de esas personas que se creen perfectas.
Claro que uno puede perdonar. Claro que uno puede reconectar, pero también se puede no perdonar, se puede no superar el rechazo, se puede no amar a todos.
Y desde allí yo puedo vivir tranquilamente con esas emociones, esos sentimientos, esas zonas oscuras y comportamientos que no siempre son los adecuados. Son parte de mis sombras y las tengo conscientes.
¿Por qué?
Porque somos seres humanos. Fin del cuento.
Es normal no amar a tu enemigo.
Es normal perdonar. Pero también está bien no perdonar. Sencillamente a veces no queremos hacerlo.
Eso de amar a todo el mundo es irreal. Entiéndalo. Nadie ama a todo el mundo. ¡Déjese de cuentos de camino!
Soy un psicólogo que va pal psicólogo, porque también necesito ajustar mis tornillos sueltos y mis tejas rodadas.
Los errores forman parte del ser humano, pero muchos de nosotros, aún sabiéndolo, queremos hacer todo perfecto, y no, la cosa no funciona así. Aprender a integrar en nosotros nuestras luces y sombras es fundamental, sin hacernos daño y sin hacerle daño a nadie.
Hubo un tiempo en mi vida en que yo era un tipo metido en todos los problemas habidos y por haber. Infiel, mentiroso, rasgos psicopáticos, adicto al sexo, peleón, intenso y difícil. Era un derroche de defectos.
Mi prestigio personal estaba por el piso. Había tenido relaciones sexuales con personas casadas, incluso yo estándolo también, había sido profesor universitario y había tenido sexo con alumnas, era psicólogo y aún así sí me buscabas pleitos. Yo era capaz de darte un pescozón sin miramientos y lleno de violencia (jamás a una mujer). Mentía en prácticamente todo, descuidado con el dinero y mil cosas más.
Yo he contado todos esos detalles en mi conferencia #AVecesCupido y también en mis libros, además de haber hablado de cada una de estas cosas en mis post. Así que no los voy aburrir con historias mías que ya ustedes conocen. Los que me siguen saben que he hecho todas estas cosas y, hasta peores, porque todo lo he hecho público en redes sociales.
¿Y por qué he hecho eso? ¿Por qué durante todos los años que tengo en redes sociales he hablado de todas estas cosas? ¿Por qué me expongo de de esas manera? ¿Por qué soy tan absolutamente sincero sobre mi y todos los desastres que he hecho en mi vida? ¿Por qué soy tan distinto a los psicólogos que ustedes conocen?
La razón es: porque aprendí la clave de saber vivir.
¿Cuál clave? Mostrarme abiertamente y así nadie podrá hacerme daño. Nadie podrá desprestigiarme, nadie podrá hablar paja de mi, nadie podrá acusarme de hipócrita, nadie podrá decirme que yo engañe a alguien diciendo cosas de mi que no son, nadie podrá salir a escribir un post diciendo «Psicovivir es mentiroso, me jodió, fue infiel, soy una victima de él, me rompió el corazón», porque resulta que no será una primera noticia. Ya he dicho que hice todo eso y también he pagado el precio de eso.
Mostrar mis debilidades, defectos y sombras me ha hecho ser el puto amo de mi destino y también prisionero de mi pasado y de mis incongruencias.
Soy libre y a veces no. Soy libre de mostrarme como soy y que ustedes me rechacen o se acerquen a mi. Y soy preso de mis culpas. Esa es la clave de vivir. Ser uno mismo, incluso, cuando a veces ni siquiera se es congruente con eso mismo.
Muchos de los amores que se plantean actualmente, están basados en un proceso natural de búsqueda sensual y se alejan del verdadero compromiso que implica estar unidos.
Hay quienes lanzan al viento un «te amo» como si fuera un simple saludo de cortesía. Pero la verdad es que no hay amores superficiales, lo que hay son palabras vacías y gente superficial que juega con los sentimientos de los demás.
Y ahí están los necesitados, los que caen en el juego y se creen todas esas promesas falsas. Gente que se deja llevar por palabras bonitas y cuentos de camino, sin ver más allá de la superficie, sin cuestionar si realmente hay amor o solo una ilusión efímera.
No hay amores superficiales. Lo que sí hay es gente superficial diciendo te amo.
Es fundamental no dejarse llevar por el discurso vacío de quienes no saben amar de verdad. Por quienes ofrecen villas y castillos, pero verdaderamente no plantean un compromiso de relación desde el amor, entendiendo que el amor se construye, y no es solo esa cumbre borrascosa, pasional y sexual de los primeros días.
El amor verdadero va más allá de las apariencias y las palabras bonitas. Lo otro son solo amores superficiales.
Desde mi punto de vista, es un mal social que viene a ser una consecuencia de la revolución sexual de los años 60, donde el hedonismo desmesurado comparado sólo con el libertinaje, da paso a una promiscuidad reprimida que sale a la luz en la forma de relaciones superficiales. Y allí entonces está la gente con baja autoestima, necesitada de amor, que se come el cuento, y viene el desastre.
En fin, todo amor que no esté basado en la mutua comprensión, en la mutua aceptación, en el respeto por el otro, el buen trato, el cariño, la búsqueda mutua del placer y la comunicación franca, puede considerarse un amor superficial.
Quien da ese tipo de amor necesita ayuda psicológica. Y quien lo recibe y lo acepta como un amor real y profundo, también.
La depresión nace, en su mayoría de las veces, por una serie de pensamientos que los psicólogos llamamos «distorsiones cognitivas», que no son más que juicios sobre la realidad basados en falsas premisas.
¿Con qué se come eso?
Te pondré algunos ejemplos:
Generalización
«Todos los hombres son infieles».
Filtración
«Me fue bien en la fiesta, pero todo se echó a perder porque al irnos se espicho un caucho».
Todo o nada
«Si no me besa es porque no me ama».
Todos estos son ejemplos de distorsiones cognitivas.
La mayoría de las personas deprimidas tienen múltiples distorsiones en ese sentido.
¿Cómo eliminar las distorsiones cognitivas?
Enfocándose en la realidad.
Tratando de asimilar la misma tal cual es y tal cual como viene.
Evitando juicios de valor.
Asumiendo que nada es estable, todo cambia y los límites, generalmente, nos los imponemos nosotros mismos.
Lo otro es ir al psicólogo, obviamente.
Si necesitas ayuda, ven a consulta. Junto a mi equipo, sabemos cómo ayudarte.